miércoles, enero 19, 2005

CIRCO BEAT

La primera vez que fui a la Quinta Vergara, no me acuerdo cuántos años tenía, me reí a carcajadas con la presentación de la vecindad del Chavo del 8. Mi viejita me regaló un gorro igual al del Chavo, unas antenitas y el chipote chillón del Chapulín Colorado. Tal vez qué sentido tendrá para Gómez Bolaños la letra "Ch", porque todos sus personajes, incluido el mismo apodo Chespirito, empiezan con ella: Chavo, Chapulín, Chapatín, Chompiras, Chaparrón. Cábala o casualidad, quedé embobado en mi asiento, como si me hubiera dado una garrotera, sin poder creer que tenía tan cerca a mis amigos televisivos.
Unos años más tarde, después de rogarle de rodillas a mi viejita, me dio permiso para ir al Festival. Partí con mis zapatillas Topper, mis taquilleras bastas y una camisa de un vecino a ver a Soda Stereo, cuando tenían ese look new wave importado de la escena británica. Fue en el 87', cuando sacaron "Signos". Al otro día, me repetí el plato con GIT, sin importarme las infantiles discusiones de mis amigos sobre cuál banda era mejor. "Soda o GIT, no te pueden gustar los dos puh, compadrito". Cuando finalmente ganó Soda, la elección eran ellos o Los Prisioneros y así hasta que se acabó el boom del rock latino.
El 91', lloré en la platea cuando Los Prisioneros se despedían de los fanáticos de la zona con "El baile de los que sobran" coreado por veinte mil almas que no se resignaban a perder a sus ídolos, a los únicos que se atrevían a decir lo que otros ocultaban con letras siúticas o de filosofía barata. Con una polola nos subimos una vez al escenario vacío para sentir cómo se veían las graderías y cantar "a capella" unas canciones de Silvio. Hoy, la Quinta Vergara luce moderna y, curiosamente, más chica, como que redujeron el monstruo a un cachorro desnutrido y sin dientes. De todas formas, sigue sobresaliendo dentro de la oferta turística de Viña. ¡Qué bonita vecindad!