sábado, enero 15, 2005

TRISTE, SOLITARIO Y FINAL

Revisando un libro de Galeano, volví a emocionarme con una carta de Osvaldo Soriano en que cuenta su tour por el desaparecido estadio del Viejo Gasómetro junto a uno de los goleadores más insignes que ha vestido la camiseta de San Lorenzo de Almagro, José Sanfillipo.
Me gusta el estilo del gordo Soriano. En secreto envidio su forma de contar historias, su manera de mezclar periodismo y literatura.
Soriano retorna con Sanfillipo al lugar donde estaba la cancha, ya convertido en uno de esos supermercados que venden hasta televisores y computadores. En un arrebato nostálgico que demuestra la originalidad del escritor-periodista, le propone a Sanfillipo recrear algunas jugadas imborrables en medio de la vorágine consumista del local. Después de concordar en que uno de los arcos estaba entre unas vitrinas y una vieja que arrastraba un carro, Soriano le tiró un centro imaginario a Sanfillippo, quien agarró la pelota de sobrepique y la colocó en un ángulo, tal como cuando batió al mítico portero Roma en un clásico contra Boca Juniors. Los clientes aplaudieron la proeza creativa de este par de locos.
Caminando por la calle Valparaíso, no pude evitar entrar al viejo cine Rex, hoy convertido en esas higiénicas carnicerías que desplazaron a los locales de antaño, en los que comúnmente un gorila afilaba su cuchillo con el pecho manchado con sangre.
Ingresé y de inmediato, como si me cobraran el boleto, un acomodador, perdón, un dependiente, me recomendó sacar un número para que me atendieran. "Vale", respondí, mientras empezaba a dibujar en mi mente la ubicación de las antiguas butacas que ahora se han transformado en fríos recipientes de filetes, asientos y huachalomos.
En un ángulo vi llorar a mi vieja con "Ghost" y en otro divisé a mi hermano pegado en su asiento, mientras Luke Skywalker le sacaba la máscara a su reformado padre.