DIARIO DE MUERTE
La muerte es uno de los términos o conceptos más viciados. Tal como muchos se esfuerzan por enseñarnos cómo vivir, otros tantos dan pautas sobre las formas más convenientes de morir. Los más románticos creen que memorizando el famoso poema de Borges basta para encarar a la "pelá" de una forma provechosa, madura. Cuesta creer que uno se pueda conformar al adiós por haber jugado con niños, haber comido sin contar las calorías o andar descalzo por la playa. Cada uno con su receta.
El gran mérito de "Diario de Muerte" de Enrique Lihn es que no habla de la muerte, sino que la define desde ella misma. El poeta sabía que jugaba los descuentos y que el partido no se alargaría ni tirando plata debajo de la mesa a la FIFA.
Perdí a la persona que más amaba por la desidia de un médico y nunca había encontrado a alguien que entendiera mejor la rabia que se siente al compartir con un doctorcillo que tiene la promesa hipocrátrica grabada junto a quizás cuántos discursos alcoholizados del día de su graduación. Sus ensayadas palabras en la sala de espera, tan vacías como falsas, conseguían por momentos aplacar la furia, debido que se sujetaban de uno de los sentimientos más nobles y , en ese tipo de instancias, decisivo: la esperanza. A ese maquillador de la muerte no le interesaba la salud de mi madre ni se daba el tiempo de imaginar el dolor que sentíamos sus hijos. No importa, ya le tocará.
Hacía años que no resucitaba ese episodio, que había guardado para no llenarme de rencor. Los versos de Lihn es una ruta de muerte, sin anestesia ni suero, que revuelca y sacude por su destemplada sinceridad. ¿Cuántos de nuestros "yo" estarían de acuerdo con nuestra sentencia de muerte? Es un buen ejercicio, sobre todo si uno se ha engañado y no ha asumido sus errores como hijo, padre, hermano o esposo.
El gran mérito de "Diario de Muerte" de Enrique Lihn es que no habla de la muerte, sino que la define desde ella misma. El poeta sabía que jugaba los descuentos y que el partido no se alargaría ni tirando plata debajo de la mesa a la FIFA.
Perdí a la persona que más amaba por la desidia de un médico y nunca había encontrado a alguien que entendiera mejor la rabia que se siente al compartir con un doctorcillo que tiene la promesa hipocrátrica grabada junto a quizás cuántos discursos alcoholizados del día de su graduación. Sus ensayadas palabras en la sala de espera, tan vacías como falsas, conseguían por momentos aplacar la furia, debido que se sujetaban de uno de los sentimientos más nobles y , en ese tipo de instancias, decisivo: la esperanza. A ese maquillador de la muerte no le interesaba la salud de mi madre ni se daba el tiempo de imaginar el dolor que sentíamos sus hijos. No importa, ya le tocará.
Hacía años que no resucitaba ese episodio, que había guardado para no llenarme de rencor. Los versos de Lihn es una ruta de muerte, sin anestesia ni suero, que revuelca y sacude por su destemplada sinceridad. ¿Cuántos de nuestros "yo" estarían de acuerdo con nuestra sentencia de muerte? Es un buen ejercicio, sobre todo si uno se ha engañado y no ha asumido sus errores como hijo, padre, hermano o esposo.


1 Comments:
Que lindo post Barfly...la muerte es una cosa que aún no me ha tocado muy de cerca...no logro imaginar el gran dolor que s ellva por dentro. Voy a leer el libro que mencionas, para tratar de entender las cosas un poco mejor.
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