AMIGA DEL DOLOR
ACLARACION: Sé que la idea del "blog" es ir contando el día a día, pero, por falta de tiempo y también por al afán de archivar cosas perdidas, he copiado algunos textos como este....pronto vendrán cosas de Arica..
Murió Valentina. Muchos seguidores de "Machos" reclamaron que la agonía de la madre de los Mercader había sido alargada más de la cuenta, sólo por rating. Así son las partidas. Uno de las últimas salidas con mi vieja fue al Paseo 21 de mayo. Como no tenía guita, vendí unos "cd" a un amigo e invité a mi mamá y mi hermano. Nos sentamos en la parte trasera de la micro; ella junto a la ventana, con las manos cruzadas sobre la cartera.
Yo iba en silencio, grabando cada minuto, cada sensación, sintiendo como mi mamá gozaba de nuestra compañía. Dejaba que ellos hablaran más, quería verlos relajados, como si la maldita enfermedad hubiese quedado atrás. Cada vez que se detenía el bus, miraba a la puerta para ver si subía un vendedor que nos diera los mismos helados que nos compraba la vieja cuando chicos. Quería devolverle la mano. Al fin, en la avenida Pedro Montt, un niño sacó tres paletas de su caja de plumavit. Mi madre no podía comer mucho ni tomar demasiado líquido, pero le fue imposible rechazarlo, quizás porque estaba igual de conciente que yo sobre la trascendencia de este sencillo viaje. Me hubiese gustado llevarla a tantas partes, como cualquier hijo, sin embargo, la billetera siempre hacía aterrizar mis sueños y esperanzas. A veces, cosas tan sencillas como un helado de 100 pesos nos ayudan a tocar la felicidad.
Ya en el ascensor, mi hermano se quedó sentado con ella, mientras yo asomaba mi cara por una de las ventanillas, mirando el puerto en busca de alguna respuesta para tanto dolor o, por lo menos, fuerza para no venirme abajo y echar todo a perder con mis lloriqueos. Tenía que ser como la vieja, que se la bancaba solita, aguantando las diálisis y un millón de cosas más que recién después de su muerte me vine a enterar. ¡Cuánto se tuvo que tragar! Camino por el 21 de Mayo y todavía la veo ahí, sonriendo.
Murió Valentina. Muchos seguidores de "Machos" reclamaron que la agonía de la madre de los Mercader había sido alargada más de la cuenta, sólo por rating. Así son las partidas. Uno de las últimas salidas con mi vieja fue al Paseo 21 de mayo. Como no tenía guita, vendí unos "cd" a un amigo e invité a mi mamá y mi hermano. Nos sentamos en la parte trasera de la micro; ella junto a la ventana, con las manos cruzadas sobre la cartera.
Yo iba en silencio, grabando cada minuto, cada sensación, sintiendo como mi mamá gozaba de nuestra compañía. Dejaba que ellos hablaran más, quería verlos relajados, como si la maldita enfermedad hubiese quedado atrás. Cada vez que se detenía el bus, miraba a la puerta para ver si subía un vendedor que nos diera los mismos helados que nos compraba la vieja cuando chicos. Quería devolverle la mano. Al fin, en la avenida Pedro Montt, un niño sacó tres paletas de su caja de plumavit. Mi madre no podía comer mucho ni tomar demasiado líquido, pero le fue imposible rechazarlo, quizás porque estaba igual de conciente que yo sobre la trascendencia de este sencillo viaje. Me hubiese gustado llevarla a tantas partes, como cualquier hijo, sin embargo, la billetera siempre hacía aterrizar mis sueños y esperanzas. A veces, cosas tan sencillas como un helado de 100 pesos nos ayudan a tocar la felicidad.
Ya en el ascensor, mi hermano se quedó sentado con ella, mientras yo asomaba mi cara por una de las ventanillas, mirando el puerto en busca de alguna respuesta para tanto dolor o, por lo menos, fuerza para no venirme abajo y echar todo a perder con mis lloriqueos. Tenía que ser como la vieja, que se la bancaba solita, aguantando las diálisis y un millón de cosas más que recién después de su muerte me vine a enterar. ¡Cuánto se tuvo que tragar! Camino por el 21 de Mayo y todavía la veo ahí, sonriendo.


1 Comments:
Casi siempre son los pequeños detalles los que hacen más felices a las personas...que lindos recuerdos!!
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