sábado, enero 15, 2005

ZAMA

Muchos escritores rehuyen sus demonios y escogen fríamente temas que les garantizan ventas y turnos para dar autógrafos en las ferias. Siempre ha sido así. No es casualidad que Isabel Allende se concentre en novelas adolescentes tras el éxito de Harry Potter. Business are business. Por eso cuesta tanto encontrar obras tan auténticas como "Zama", escrita por el mendocino Antonio di Benedetto a mediados de los 50'. Algunos miopes la han situado en la sospechosa calificación académica de "histórica" por desarrollarse en las postrimerías del siglo XVIII, ignorando el sentido metafórico.
Los miedos y las frustraciones de Diego de Zama nos empujan al precipicio de nuestras propias emociones, surgidas en un mundo muy distinto a la era del dominio español. Nada más actual que cuidar la estabilidad, la pega, justamente para desembarazarse de ella. La mayoría nos sentimos en un trance, en una escala indómita, programada por una agencia que no tomó en cuenta nuestras aspiraciones o fantasías. Sobrevivimos con el gusto de un pisco sour industrial, incapaces de adivinar si algún día llegará el plato de fondo que hemos esperado por años. Así se va la vida: esperando con tenedor y cuchillo, pintura y brocha, computador y grabadora.
"Zama" tiene una forma existencialista particular, que, como bien notó Juan José Saer, se despega de la filosofía. Se trata de una angustia sin aires catedráticos ni tesis sesudas. La inseguridad del personaje, tan masculina, manifestada en esa hambre por apoderarse de mujeres sólo por el afán hedonista de sentirse interesante o admirado, nos hace revisar minuciosamente nuestros archivos personales.