MI GUITARRA Y VOS

"Hay escritas infinitas palabras: zen, gol, bang, rap, Dios, fin. Hay tantas cosas, yo sólo preciso dos: mi guitarra y vos"
Jorge Drexler
Estoy leyendo “Querido Bruce Springsteen” del canadiense Kevin Major. Aquí es un desconocido, pero en su país ha obtenido importantes premios. Lo encontré hace unos años en una liquidación de supermercado. Mientras el resto pensaba en ingredientes para la pizza y dudaba entre pisco o ron, intruseé en un hondo cajón atestado de textos olvidados. Ahora me animé a leerlo. Estaba escondido en un baúl de plástico que compré antes de irme a Arica. Se trata de un adolescente en plena edad del pavo que decide escribirle a “The Boss” para contarle todas las cosas que le están pasando, partiendo por la separación de sus padres. Sabe que Springsteen está de gira y que probablemente sus cartas se acumulen en el sótano del sello discográfico. No le importa. Se siente conectado con las letras de las canciones y lo que ha leído sobre su vida en Rolling Stone usadas. A todos nos ha pasado. En mi caso, reemplacé la guitarra por la pelota de fútbol. Salía con ella a todas partes, buscando algún cómplice que me ayudara, ya fuera con tiros libres, penales o uno contra uno, a olvidar los problemas que vivía en mi casa. El protagonista de la novela escribe cartas y se inscribe en clases de guitarra. Es fácil sintonizar con él: es tímido con las mujeres, tiene pocos pero buenos amigos y detesta a su hermana chica. En el colegio no lo cotiza ni el portero cuando llega atrasado. Y es tan corajudo que se tiñe el pelo con agua oxigenada.
Yo también he confiado en los consejos de Springsteen, como John Cusak en Alta Fidelidad. Le pregunto y me contesta en sus canciones, lo mismo que Charly García. A los dos me los banco a muerte, aunque los desprecien los vanguardistas electrónicos que prefieren mover el culo antes que pensar.
Ahora busco un disco doble que compré en Tacna. Recuerdo cuando Jose Pablo, el amigo que acompañó a la Vichu cuando me visitó en Arica, se río al encontrarlos en mi colección de cd`s. No me ofendí. Me preguntó si se le habían quedado a un amigo en mi casa.
-No, compadre. De hecho, los compré recién
-Ah, ya. Es raro que todavía lo escuches
-Puede sonar como una condena, pero me parece que lo escucharé siempre
Aprieto play. Desde que vi el video de “Sexo” de Los Prisioneros, debo haber tenido unos 7 años, tomo cualquier cosa y simulo estar tocando una guitarra. Con mis vecinos teníamos un grupo. Yo imitaba a Jorge González. 21 años más tarde, el fenómeno se repite, sólo que ahora cierro los ojos y soy Springsteen, aplaudido por una multitud que ha repletado el estadio más grande de New Jersey. Springsteen es incluso más outsider: se crió en Atlantic City, al sur de Jersey, donde sólo sobreviven los guapos, los duros, los que no aguantan que nadie los pisotee. Una urbe sucia, oscura, llena de mierda.
Brilliant Disguise. Una de mis preferidas, junto a My Hometown o Racing in the street. Sigo con mi guitarra. Canto también. En Estados Unidos, la tierra de los freaks, organizan conciertos con tipos que simulan tocar guitarras con escobas o raquetas de tenis. Los espectadores toman cerveza y se vuelven locos con los “punteos” a lo Jimmy Hendrix o los contorneos plagiados a Angus Young. Incluso hay un ranking. El número uno representa para estos fanáticos algo así como Maradona para nosotros. País de locos. Basta con encerrarse en la pieza y comprar una escoba. We are south american rockers.
Yo también he confiado en los consejos de Springsteen, como John Cusak en Alta Fidelidad. Le pregunto y me contesta en sus canciones, lo mismo que Charly García. A los dos me los banco a muerte, aunque los desprecien los vanguardistas electrónicos que prefieren mover el culo antes que pensar.
Ahora busco un disco doble que compré en Tacna. Recuerdo cuando Jose Pablo, el amigo que acompañó a la Vichu cuando me visitó en Arica, se río al encontrarlos en mi colección de cd`s. No me ofendí. Me preguntó si se le habían quedado a un amigo en mi casa.
-No, compadre. De hecho, los compré recién
-Ah, ya. Es raro que todavía lo escuches
-Puede sonar como una condena, pero me parece que lo escucharé siempre
Aprieto play. Desde que vi el video de “Sexo” de Los Prisioneros, debo haber tenido unos 7 años, tomo cualquier cosa y simulo estar tocando una guitarra. Con mis vecinos teníamos un grupo. Yo imitaba a Jorge González. 21 años más tarde, el fenómeno se repite, sólo que ahora cierro los ojos y soy Springsteen, aplaudido por una multitud que ha repletado el estadio más grande de New Jersey. Springsteen es incluso más outsider: se crió en Atlantic City, al sur de Jersey, donde sólo sobreviven los guapos, los duros, los que no aguantan que nadie los pisotee. Una urbe sucia, oscura, llena de mierda.
Brilliant Disguise. Una de mis preferidas, junto a My Hometown o Racing in the street. Sigo con mi guitarra. Canto también. En Estados Unidos, la tierra de los freaks, organizan conciertos con tipos que simulan tocar guitarras con escobas o raquetas de tenis. Los espectadores toman cerveza y se vuelven locos con los “punteos” a lo Jimmy Hendrix o los contorneos plagiados a Angus Young. Incluso hay un ranking. El número uno representa para estos fanáticos algo así como Maradona para nosotros. País de locos. Basta con encerrarse en la pieza y comprar una escoba. We are south american rockers.


1 Comments:
Placentero escuchar música solo en la pieza...a mi me ayuda a pensar...o a no pensar, depende de lo que se necesite. Claro que yo soy más de música furiosa, resentida, de odio puro: un poco como yo, jeje.
Antumapi
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