jueves, agosto 04, 2005

DIMES Y DIRETES


"Te hice un gran favor". Es una frase tan condescendiente, egocéntrica, venenosa, maldita, que no requiere mayor revisión. Quien la pronuncie, por muy convencido que se encuentre de la careta que proyecta al resto, posee kilos de soberbia. Lo sabe, aunque lo niege o quiera ser un ángel aglutinador de comentarios. Quien la reciba, a pesar que comparta el sentido final de la frase y celebre el término de la etapa casi con el mismo fervor de su antagonista, no puede quedar indiferente, quizás por orgullo. El receptor puede efectivamente haber dado el salto, sentir que cuanto lo rodea hoy lo inspira positivamente y hasta se haya animado a ensayar versos, pero no puede aceptar que le arrojen basura en la cara. Los insultos inesperados no pueden generar indiferencia, por muy lejano que que se vea el capítulo en cuestión o rídiculo que encuentre a quien los vomita.

Si el agresor, convencido que todas las cosas sucedieron por su voluntad y olvidando arbitrariamente detalles grotescos, agrega "pendejo" un par de párrafos más abajo, significa que tampoco siente demasiado respeto por la persona que lo lee y, a mi modo de ver, se gana los pasajes para ser enviado a la mierda. Por cierto, también da derecho a su lector a decirle qué piensa de su vida, asumiendo el riesgo que las palabras se devuelvan como un pesado boomerang. Todo instantáneamente, al segundo, gracias a la tecnología de Bill Gates y su famoso Messenger. En este caso, mi amigo, el "agredido" siguiendo las definiciones anteriores, le respondió que su vida era vacía, pero lo dijo sólo por sus gustos e intereses, no como calificativo de existencia. Por lo mismo, también dijo que ella actuaba como una adolescente. De volea, le escupieron que su vida sí estaba vacía, de una manera alevosa, artera, asquerosa, sabiendo, claro está, cualquiera que lo conozca lo sabe, que no tiene la familia que le gustaría y eso le pesa mucho. Cuando me contó, me quedó claro que no había autocompasión ni victimización en lo que me estaba narrando. Sólo decepción, una profunda decepción.
Le dije a mi amigo que no se preocupara por huevadas, sobre todo si tiene tan claro que esa historia está enterrada y que sólo fue resucitada artificialmente. Le aconsejé que no dejara que nada perturbara el ánimo con que lo he visto los últimos días, con una sonrisa de diez metros, con tantas ganas de concretar sus sueños.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Te sigo leyendo, y mientras me lo permitas, abrir tu blog será como revisar el mail: doctrina diaria.
Dani Stgo

11:39 p. m.  

Publicar un comentario

<< Home