CINEMA PARADISO
En la cinta italiana Cinema Paradiso, un aclamado director de cine retorna a su pequeño pueblo del sur de la península para asistir al funeral de su gran amigo de la infancia: el proyeccionista del cine local que lo convirtió en su ayudante y le contó todos los secretos del celuloide.
Toto, el protagonista, rescata de su disco duro esa inocente niñez, en la que todo giraba en torno al maravilloso Paradiso. Para la gente, el recinto era el único refugio para abstraerse del desprecio del industrializado norte.
En Viña, tenemos nuestro propio Cimema Paradiso. El Cine Arte es un lugar de culto, un santuario al que se peregrina con la seguridad de que uno no se va a topar con ningún bodrio que saque de quicio. Además, perdónenme los más jóvenes, nada más higiénico que sentarse en la butaca sin palomitas en el suelo ni ese asqueroso olor que se pega a la ropa.
La última vez que fui a uno de los cines tamaño XL, me tocó un tatita que acortó considerablemente la vida útil de su placa con tanto "crunch, crunch", algo que, obviamente, aunque la sala cuente con un surround supersónico, me generó una angustia que estuvo a punto de dispararme de la acolchada silla.
Sí, claro, puede ser exagerado, pero, la verdad es que prefiero mil veces ir al Arte antes que a los otros. Lo de "culto", por si no lo saben, no es un concepto snob, sólo significa que no se trata de algo masivo y que se comparte casi secretamente entre una cáfila cinéfila que se pasa el dato para callado, algo así como "compadre, no se olvide el jueves, dan la última de Lynch" u "oye, vamos a ver otra vez Nos Habíamos Amado Tanto de Scola".
Las mismas caras, los mismos asientos, la misma satisfacción. Desde mi butaca regalona, no digo la fila ni el número para no correr riesgo de ser identificado, miro con curiosidad la puerta de entrada para ver a cuántas personas ubico. Es un ejercicio breve, corto, sólo para ver quiénes ingresan al Paradiso.
Toto, el protagonista, rescata de su disco duro esa inocente niñez, en la que todo giraba en torno al maravilloso Paradiso. Para la gente, el recinto era el único refugio para abstraerse del desprecio del industrializado norte.
En Viña, tenemos nuestro propio Cimema Paradiso. El Cine Arte es un lugar de culto, un santuario al que se peregrina con la seguridad de que uno no se va a topar con ningún bodrio que saque de quicio. Además, perdónenme los más jóvenes, nada más higiénico que sentarse en la butaca sin palomitas en el suelo ni ese asqueroso olor que se pega a la ropa.
La última vez que fui a uno de los cines tamaño XL, me tocó un tatita que acortó considerablemente la vida útil de su placa con tanto "crunch, crunch", algo que, obviamente, aunque la sala cuente con un surround supersónico, me generó una angustia que estuvo a punto de dispararme de la acolchada silla.
Sí, claro, puede ser exagerado, pero, la verdad es que prefiero mil veces ir al Arte antes que a los otros. Lo de "culto", por si no lo saben, no es un concepto snob, sólo significa que no se trata de algo masivo y que se comparte casi secretamente entre una cáfila cinéfila que se pasa el dato para callado, algo así como "compadre, no se olvide el jueves, dan la última de Lynch" u "oye, vamos a ver otra vez Nos Habíamos Amado Tanto de Scola".
Las mismas caras, los mismos asientos, la misma satisfacción. Desde mi butaca regalona, no digo la fila ni el número para no correr riesgo de ser identificado, miro con curiosidad la puerta de entrada para ver a cuántas personas ubico. Es un ejercicio breve, corto, sólo para ver quiénes ingresan al Paradiso.


1 Comments:
Demasiado buena esa película, aunque debo decir que los asientos de los "XL" son bastante más comdos que los del arte....por lo menos el arte de viña
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