jueves, noviembre 10, 2005

ZOOM


La gente, aunque se roce por la calle, vive como en planetas remotos entre sí, e incluso cuando se encuentran es muy difícil que lleguen a verse.

(“En ausencia de Blanca”, Antonio Muñoz Molina)



A veces uno debe medirse con las palabras, aunque sean expresiones de cariño. Sin ser un erudito del amor, entiendo que algunos prescindan del sentido común, del pudor natural de desnudar sus sentimientos, cuando su alma ha sido capturada por otra.

-Te quiero
-Yo también
-Pero yo más que tú
-No, yo más

El problema surge al cortarse el diálogo bruscamente. Uno de los dos se da cuenta que el otro de verdad lo quiere más. El silencio puede ser muy incómodo, aunque un poco de astucia y humor recomponen el ambiente, como un aerosol que despeja interrogantes vacías. Inconcientemente, quizás traicionado por un egocentrismo pueril, se llena de halagos maravillosos al otro esperando una devolución similar. En el fondo, se quiere constatar que ese ser que está al frente, único y perfecto, ha visto algo que uno mismo desconoce. Esa conexión, esa unión, sirve de puente y hace experimentar una sensación de perfección. Si alguien tan especial se ha fijado en uno, se puede suponer que algo especial tenemos, pues no todo puede ser casual.

Lo anterior es una teoría que no me toca. La pensé ayer en el bus, tratando de interpretar lo que vivo, buscando explicaciones para tanta alucinación. La deseché por varias razones. Mi autoestima está lo suficientemente firme para necesitar confirmaciones o respaldos. Uno no actúa con fines narcisistas para autocelebrarse la manera en que actúa con determinada pareja. ¡Qué bueno soy! ¡Si yo estuviera en el lugar de ella, seguramente terminaría enamorándome! Eso resta toneladas de espontaneidad y además se deja de ser lo que uno es.

Lo mío es más especial, trasciende todo. He redescubierto cosas que tenía perdidas, me he despojado de facetas que me había impuesto mi mapa de catástrofes, tomando prestado un concepto de Cerati. He arrugado esa hoja de ruta y estoy escribiendo una nueva, con los temores corrientes de estas instancias, como el fracaso o la desilusión, pero en dosis que no afligen. Quiero gritar lo que siento simplemente porque quiero, porque lo necesito, porque no puedo disimular mi felicidad. Así soy, para bien o para mal. Algo genético.

Sé que estoy frente a un ser único. Y estamos aprendiendo juntos.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Que bueno lo necesitabas...me encanta leerte así, lejos del niño (sorry debería ser hombre, pero si aun sos un cabro chico) meláncolico y dolido contra el mundo... ¿viste? aun quedan esperanzas... siempre te dije o crei decirte que bajo las miles de pieles de autosuficiente, irónico y rebelde, había un ser muy querible...
un beso
Daniela

5:46 p. m.  
Blogger BarFly said...

A ver...acepto, en cierto modo, lo de irónico y rebelde, pero nunca, pero nunca, me declaré autosuficiente, por más que tenga una especial relación con la soledad....En Arica, por motivos conocidos, me enclaustré un poco, pero sólo en cuanto a mi intimidad, no en mi relación con el resto...¿no crees? Los payasos son cualquier cosa menos autosuficientes...jajajajaja.......aunque a veces me parecía a Krusty en ese capítulo de "Los Simpsons" donde desproticaba contra el mundo fumando un puro......jajajaja

un abrazote, Dani

escríbeme al mail porque quiero saber de ti.....

6:01 p. m.  

Publicar un comentario

<< Home