lunes, julio 18, 2005

BIONIC



Gabo inventó Macondo. Onetti fusionó Montevideo y Buenos Aires en Santa María. Donoso introdujo toda la Unidad Popular, con el sangriento desenlace que todos conocemos, en su Casa de Campo. Sobran universos y ficciones. Si Ampuero tiene razón, hay alguien fuera de este mundo, muy lejos de nosotros, que escribió mi novela. Se entretuvo sádicamente en los capítulos, asumiendo el rol divino de matizar miserias y alegrías. Nos da un por un lado y nos quita por otro, de manera eterna, como al Chavo del 8 cuando le bajan un brazo y de inmediato se le sube el otro. Pueden pasar años o páginas, depende de cómo se asimile. Antes pensaba que mi vida era una película. Coincidía con Lucas de "Por favor, rebobinar" : al morir llegaría a un cinemark de nubes, donde distintos críticos, pocos en realidad, entrarían a ver esta cinta chilena de bajo presupuesto. Las cenizas han vuelto al papel. Y pasan capítulos, siempre con la esperanza que el cabrón, que lo imagino más como Walter Lantz dibujando al Pájaro Loco que como el Dios barbudo en el que alguna vez creí, regale un poco de tranquilidad, eliminando abismos y gemidos. Tampoco es tan viejo. La deber haber escrito en una Underwood, ni cagando con pluma. Mi historia no es para un genio del siglo XIX, con suerte para un periodista borracho, encerrado en un hotel de sábanas nauseabundas y paredes manchadas por la humedad.
Conversemos un poco, bestia sádica. Ya has golpeado mucho, ¿no te parece? No tengo ni preparador. Contrataría a Eastwood. Mejor no te hablo de boxeo, porque, de seguro, me dejarías más solo que Sonny Liston. Sé que te entretuviste con ese zapato que se mecía en el vacío, incitándome a hacer algo que no quería. Me tentaste. Me hiciste creer en la tregua, en una pausa amistosa, en el regalo que todos merecemos de vez en cuando. Supongo que la torta y el libro de la tarde fueron suficientes para ti. No podía sentirme tan querido. No hay finales felices en tu mente. ¡Cómo te debes haber reído con el profesor de música! Sabías que me iba a identificar con él, sobre todo al final, cuando el narrador dice que siguió fracasado y desconocido. Silencioso y orgulloso. Sé cómo piensas y, ojo, que estoy seguro que no estoy delirando como Norton. No me voy a pegar combos afuera del bar. Esa es ficción "real", a menos que los engendros como tú también se preocupen de los rellenos.

4 Comments:

Anonymous Anónimo said...

¡ el paren al mundo que quiero bajarme! de la Mafalda no te ha de servir mucho ahora..ni siquiera la promesa difusa de un mañana mejor.. lamentablemente asì es la vida... no es real el mundo de Bilz y Pap que nos creraon nuestros padres... nos queda el consuelo, de que a lo mejor este no es el climax y aun nos queda algo diferente por vivir... sigue apostando... debes hacerlo
besos
Daniela

6:02 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Sí, hay días así. Pero también están los otros días. Esos en que hasta el micrero te sonríe, los árboles se ven de colores y la ciudad parece susurrarte: sigue mis veredas que te guiaré. No hay nada que pueda decirte hoy. Pero sí quiero pensar que el Dios que C.S. Lewis puteó cuando su señora murió de cáncer, es el mismo que le devolvió las ganas de vivir después. "EL problema del dolor" es uno de mis libros favoritos.
Dani Stgo

7:23 p. m.  
Blogger mili said...

Si es que de verdad alguien escribió tu historia, debe haber estado pasando por momentos quizás tan o más malos que los tuyos, alomejor tendrías que perdonarlo.
Sigue luchando como hasta ahora
Saludos

7:57 p. m.  
Blogger Jean Georges said...

Bueno, a mi me sobra un Ganímedes, con su Barkir, Mouro, el río Foto y otras inmundicias. No es lindo. No miren.

8:55 p. m.  

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