TESIS
Me quedan dos notas. Seguramente saldré otra vez tarde del diario. Mi adicción al messenger retrasa todo. A partir del lunes, no lo abriré en el trabajo. Basta de distracciones. De los 120 contactos, con suerte me interesan diez. Por simple matemática, concluyo que relleno mi vida con diálogos desechables. ¿Necesito esas conversaciones? Claro que no. Cuesta explicar, entonces, por qué ingreso al chat. Quizás sea por un factor egocéntrico: sentir que estás presente en la existencia de los demás. Suena absurdo, pero es una posibilidad. Siguiendo la lógica anterior, vale la pena calcular cuántos de mis 120 contactos están realmente interesados en lo que me pasa o siento. Deben ser muy pocos.
Jorge me avisa que Mauricio, mi profesor guía, me envió un e-mail. Mauricio trabaja en otro diario de la empresa y perfectamente podría llamarme por anexo telefónico. Si no lo hizo, es natural que piense que mi tesis fue reprobada. Es probable que haya querido ahorrarse el mal rato de darme la mala noticia. Sabe cuánto me ha costado hacer la maldita tesis, incluyendo mi larga estadía en Arica para pagar su inscripción. Hace tres años que egresé de la universidad y todavía no obtengo el maldito cartón, como si el periodismo fuera una profesión tan compleja como una ingeniería. Estoy convencido que el periodismo, como la prostitución, se aprende en la calle. Bukowski, cuando fue a matricularse en la universidad, preguntó cuál era la carrera más condenadamente fácil.
Periodismo - le dijo la secretaria.
Anóteme ahí, entonces - respondió Bukowski.
Anóteme ahí, entonces - respondió Bukowski.
Los cinco años de carrera no sirven de nada. Está claro. El cartón es una formalidad, un mero requisito para entrar al mercado laboral, aunque hay muchos reporteros, como yo, que trabajan sin él, asumiendo el riesgo a que se aprovechen de ese detalle y paguen menos de lo que corresponde.
No me atrevo a abrir mi correo electrónico. En la plantilla del messenger, noto que el mensaje de Mauricio ya ingresó a la casilla. Estoy a un par de clicks de saber si todo el esfuerzo valió la pena. Me acuerdo de las noches ariqueñas, derrumbado en ese living vacío, acompañado de una gata loca que me bailaba con saltos olímpicos para tranquilizarme. Pasan los minutos y sigo pegado al monitor, sin mover el mouse. Ya está. Tengo que encarar el asunto.
Aprobado. Por fin. No digo nada. Camino hacia el baño y me encierro de espaldas al espejo. Lloro de felicidad. Siento que mi viejita está ahí conmigo, abrazándome, celebrando conmigo. Exteriormente, se ve que he salido solo adelante. No es así. Sin su recuerdo, sin su sonrisa, sin sus palabras de aliento en momentos difíciles, jamás lo habría conseguido. En el desierto, después de perder a mi polola, sólo esas imágenes me alentaron a seguir adelante, a no dejarme abatir. Me la imaginaba saludándome con la mascarilla, alegre como siempre, firme, segura, aunque por dentro tuviera la certeza que se estaba muriendo. Si ella fue capaz de resistir tanto por mí y mi hermano, cómo iba a dejar que una universidad mediocre pisoteara mis sueños. Ahora falta el exámen de grado. Que venga, ya no tengo miedo.
Termino las notas. Quiero celebrar. No ubico a nadie. Si no puedo elegir la compañía, supongo que el destino escogerá por mí. Mosca de bar. En el "Vienes", lo más cercano que tengo al Bar Imperio de Mateos, me encuentro con el fotógrafo del municipio, un compañero de la universidad y dos compañeros del diario. Me río por separado con ellos, entretenido a ratos, pero con la secreta convicción que el destino me hará topar con algún personaje de verdad, no de reparto.
Salgo con los compañeros del diario a la calle. Ellos esperarán el bus para ir a sus casas. En la esquina de Viana con Von Schröeders, nos despedimos y me asomo al "Fusión", un pub de un vasco que me cae muy bien. No veo a nadie. Cuando estoy a punto de cruzar al "Journal", escucho una voz conocida.
Salgo con los compañeros del diario a la calle. Ellos esperarán el bus para ir a sus casas. En la esquina de Viana con Von Schröeders, nos despedimos y me asomo al "Fusión", un pub de un vasco que me cae muy bien. No veo a nadie. Cuando estoy a punto de cruzar al "Journal", escucho una voz conocida.
-¿A dónde va, ahuevonado?
Pepe me abraza. Le cuento lo de la tesis. Reacciona como esperaba: pide de inmediato tres cervezas. Se acabó la puta tesis, tan angustiante como la de Amenábar.


5 Comments:
Te felicito
¡Un paso a la vez! También te felicito, te teníamos fe.
Dani (Stgo)
Felicitaciones!!! Simpre supe que lo ibas a lograr...ahora...a ponerle empeño en el oral, que ten por seguro que van a tratar de destruirte.
Mucha suerte...y más fuerza ( en castellano no ma)
gracias por los salu2....
priscilla, no sabes cuánto me sorprendió encontrar tu comment...me imagino que Javier te ha contado las cosas que nos pasan en el querido pasquín...espero verte cuando vengas a Chile.... un abrazo
Lo sabía, una ventana en el tunel donde puedes vislumbrar la luz... un abrazo y un beso te lo mereces... esta vez sin sermones.. solamente Felicitaciones... Daniela
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