FASCINATION STREET
Lo único que no me gusta de la avenida Pedro Montt es su nombre. Montt defendió la gestión de Balmaceda hasta que la revolución del 91' lo hizo darse vuelta olímpicamente la chaqueta. Se vendió por poder. Además, por si fuera poco, todo Chile sabía que al Presidente de la República le ponían los cuernos. Quizás en la época del parlamentarismo la figura del Jefe de Estado no eran tan sagrada como hoy y no importaba tanto lo que hacía o dejaba de hacer el patrón de La Moneda. Vendido y gorreado. También me han cagado. Mejor, que quede como vendido.
"Como tú no hay otra igual", canta Lucho Barrios. De verdad que es muy especial. Camino por ella por inercia, flotando por fuera de sus anchas tiendas. No quiero hablar con mi viejo y me desconecto de la realidad revisando las vitrinas y conversando con los dependientes. Todavía sobrevive ese ambiente provinciano que uno tanto extraña en las grises calles santiaguinas. Me regalan un té que calienta mi cuerpo y me alienta a seguir vagando. En la plaza O´higgins, frente al Teatro Municipal, el mismo que por largos años funcionó como cine y donde vi Superman por primera vez, encuentro una mini feria de antigüedades, muy pequeña comparada con la que se forma los domingos. Compro un libro de Onetti por mil pesos. Celebro íntimamente mi adquisición y salgo de la plaza para no tentarme con otro. Unas cuadras más allá, una mina me susurra algo. Creo oír que me pide 15 pesos. Nada que ver. Me está invitando a una pieza. Como no tengo nada que hacer, le explico a la puta que ando en otra, pero que, si no le importa, me gustaría conversar un rato con ella. Accede con timidez, pero al poco rato se relaja y hablamos de la vida, de todas sus cosas injustas y, por cierto, también hablamos de mi viejo. Me aconseja que lo mande a la mierda. Sería lo más natural. Diría que hasta fácil y no me gustan, vaya a saber por qué oscura razón, las cosas fáciles. Me despido de ella y sigo mi camino. Entro al cine: "Mi mejor enemigo". No hay nadie en la sala. El telón y yo. No alcanzó para pop corn. La trinchera hundida a metros de la argentina me sirve de refugio. Descanso de mi propia guerra.
"Como tú no hay otra igual", canta Lucho Barrios. De verdad que es muy especial. Camino por ella por inercia, flotando por fuera de sus anchas tiendas. No quiero hablar con mi viejo y me desconecto de la realidad revisando las vitrinas y conversando con los dependientes. Todavía sobrevive ese ambiente provinciano que uno tanto extraña en las grises calles santiaguinas. Me regalan un té que calienta mi cuerpo y me alienta a seguir vagando. En la plaza O´higgins, frente al Teatro Municipal, el mismo que por largos años funcionó como cine y donde vi Superman por primera vez, encuentro una mini feria de antigüedades, muy pequeña comparada con la que se forma los domingos. Compro un libro de Onetti por mil pesos. Celebro íntimamente mi adquisición y salgo de la plaza para no tentarme con otro. Unas cuadras más allá, una mina me susurra algo. Creo oír que me pide 15 pesos. Nada que ver. Me está invitando a una pieza. Como no tengo nada que hacer, le explico a la puta que ando en otra, pero que, si no le importa, me gustaría conversar un rato con ella. Accede con timidez, pero al poco rato se relaja y hablamos de la vida, de todas sus cosas injustas y, por cierto, también hablamos de mi viejo. Me aconseja que lo mande a la mierda. Sería lo más natural. Diría que hasta fácil y no me gustan, vaya a saber por qué oscura razón, las cosas fáciles. Me despido de ella y sigo mi camino. Entro al cine: "Mi mejor enemigo". No hay nadie en la sala. El telón y yo. No alcanzó para pop corn. La trinchera hundida a metros de la argentina me sirve de refugio. Descanso de mi propia guerra.


2 Comments:
Nada mejor que las conversaciones con esos extraños desconocidos que en un momento te hablan como si te conocieran de toda la vida.
A veces uno es una autoguerra y a veces uno es un autorremanso. Lo mejor no es sencillo, tal vez de pura sencillez nos resulta complicado. Pero lo extremadamente fácil aburre. Luego hay un instante en la vida en el que a uno todo le da lo mismo, entonces se deja fluir y llevar, a menudo son los instantes más bellos que se han vivido en mucho tiempo. Un beso.
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