PASE ESCOLAR
Después de una agotadora jornada reporteril, caminé un par de cuadras para tomar la micro que me deja más cerca de la casa. Como pasa cada 20 minutos, el paradero estaba repleto de personas, todas con caras largas. Mientras compraba un paquete de maní confitado para engañar al estómago y agrietar un poco más mis dientes, divisé a una de las viejas máquinas de la línea "Lo Mata", como le decimos en el barrio por sus choferes canallas e imprudentes.
Venía lento, tocándole la bocina a cualquier tipo que se asomara por algún callejón a 50 metros a la redonda. Noté que la mayoría estaba pajareando, así es que me fui adelantando para ganarles el "hombro con hombro", esquivando cristianos como si fueran conos de prueba de autos.
Cuando ya soñaba con un asiento vacío junto a la ventana, tropecé con un maldito hoyo que me relegó a la puerta de la micro, detrás de todos, colgado de la puerta. Afortunadamente, pronto mi vida dejó de estar en peligro y pude avanzar por el angosto pasillo lleno de bolsas y mochilas de escolares. Con los brazos acalambrados y ahogado por el encierro, capté uno de los shows urbanos más frecuentes en marzo: la eterna pelea entre el chofer y el universitario por el pase escolar.
-Un escolar
-Schihhh, ¿y el pase?
-Todavía no me lo dan, pero ando con la matrícula
-No sirve esa cuestión, bájate rapidito mejor
-Nica
-¡¡¡Ya poh, déjelo pasar!!! (pasajeros humanizados en coro)
Pasaron minutos que se hicieron eternos, podía ver mi cara en el reflejo del vidrio. La micro entera empezó a pifiar para que el chofer recordara que a pocos les sobra la plata en este país.
Los escolares que estaban al fondo formaron un sindicato para armar un concierto de golpes a puertas, asientos y ventanas. El conductor, más que molesto, detuvo el motor para desafiar a los que protestaban, mientras el joven con cara de pollo todavía conservaba la matrícula en su mano.
Por suerte, el compadre se dio cuenta que estaba equivocado y el estudiante pudo integrarse a los pasajeros. Al ratito, subió otro con matrícula...
Venía lento, tocándole la bocina a cualquier tipo que se asomara por algún callejón a 50 metros a la redonda. Noté que la mayoría estaba pajareando, así es que me fui adelantando para ganarles el "hombro con hombro", esquivando cristianos como si fueran conos de prueba de autos.
Cuando ya soñaba con un asiento vacío junto a la ventana, tropecé con un maldito hoyo que me relegó a la puerta de la micro, detrás de todos, colgado de la puerta. Afortunadamente, pronto mi vida dejó de estar en peligro y pude avanzar por el angosto pasillo lleno de bolsas y mochilas de escolares. Con los brazos acalambrados y ahogado por el encierro, capté uno de los shows urbanos más frecuentes en marzo: la eterna pelea entre el chofer y el universitario por el pase escolar.
-Un escolar
-Schihhh, ¿y el pase?
-Todavía no me lo dan, pero ando con la matrícula
-No sirve esa cuestión, bájate rapidito mejor
-Nica
-¡¡¡Ya poh, déjelo pasar!!! (pasajeros humanizados en coro)
Pasaron minutos que se hicieron eternos, podía ver mi cara en el reflejo del vidrio. La micro entera empezó a pifiar para que el chofer recordara que a pocos les sobra la plata en este país.
Los escolares que estaban al fondo formaron un sindicato para armar un concierto de golpes a puertas, asientos y ventanas. El conductor, más que molesto, detuvo el motor para desafiar a los que protestaban, mientras el joven con cara de pollo todavía conservaba la matrícula en su mano.
Por suerte, el compadre se dio cuenta que estaba equivocado y el estudiante pudo integrarse a los pasajeros. Al ratito, subió otro con matrícula...


2 Comments:
jajajaja....que buena. Son más mala onda algunos micreros con los estudiantes...bueno con algunos, yo nunca en mis años de estudiante tuve problemas....será porque soy mujer?? como dice algine por ahí.
te salvaste porque casi todos los choferes son califas.....jejeje....
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