RIO MISTICO
Es una historia que se digiere como si fuera una novela negra de Chandler, aunque, como no hay un personaje que dirija la trama, el espectador juega al rol de Marlowe, suponiendo quién es el culpable a través de la pistas que nos deja el viejo Clint.
Supongo que todos los lectores conocen más o menos de qué se trata: tres amigos de la infancia se reencuentran a raíz del asesinato de la hija de uno de ellos. Habían perdido el contacto luego que el más "pavo" del trío sufriera un salvaje ataque sexual. Si ya normalmente cuesta sintonizar con los amigos del barrio cuando se dejan de ver, el asunto se complica el doble al existir un episodio tan traumático de por medio. Cualquier de los tres niños podría haber sido la víctima y eso no se olvida.
Los personajes están claros: Sean Penn es el mafioso padre, Tim Robbins es el loco sospechoso y Kevin Bacon es el policía confundido.
Sería un crimen adelantar parte de la trama, así es que prefiero enfocarme en la parte sustancial del guión: la estigmatización de las víctimas de ataques sexuales. No es casualidad que Eastwood haya situado el cuento en Boston y que el costoso anillo de uno de los violadores llevara una cruz. La Iglesia Católica bostoniana todavía llora los millones de dólares que tuvo que desembolsar para pagar las indemnizaciones por daños morales a las decenas de niños violados por sacerdotes. Una persona que sufre algo así jamás logra abstraerse del incidente y por eso le cuesta, generalmente, establecer relaciones afectivas. Es un pecado que ni el misticismo del Río Jordán puede limpiar.
Supongo que todos los lectores conocen más o menos de qué se trata: tres amigos de la infancia se reencuentran a raíz del asesinato de la hija de uno de ellos. Habían perdido el contacto luego que el más "pavo" del trío sufriera un salvaje ataque sexual. Si ya normalmente cuesta sintonizar con los amigos del barrio cuando se dejan de ver, el asunto se complica el doble al existir un episodio tan traumático de por medio. Cualquier de los tres niños podría haber sido la víctima y eso no se olvida.
Los personajes están claros: Sean Penn es el mafioso padre, Tim Robbins es el loco sospechoso y Kevin Bacon es el policía confundido.
Sería un crimen adelantar parte de la trama, así es que prefiero enfocarme en la parte sustancial del guión: la estigmatización de las víctimas de ataques sexuales. No es casualidad que Eastwood haya situado el cuento en Boston y que el costoso anillo de uno de los violadores llevara una cruz. La Iglesia Católica bostoniana todavía llora los millones de dólares que tuvo que desembolsar para pagar las indemnizaciones por daños morales a las decenas de niños violados por sacerdotes. Una persona que sufre algo así jamás logra abstraerse del incidente y por eso le cuesta, generalmente, establecer relaciones afectivas. Es un pecado que ni el misticismo del Río Jordán puede limpiar.


0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home