ESCRITOS DE UN VIEJO INDECENTE
Se cumplieron diez años de la muerte de Charles Bukowski. A pesar que fue contemporáneo a los "beatniks", el viejo quedó fuera de la generación de Burroughs y Kerouac porque "Cartero", su primera novela, fue publicada en 1970, cuando el autor tenía 50 años. Partió tarde, pero de inmediato se convirtió en un escritor de culto, de esos que uno recomienda para callado a los amigos. Aunque algunos críticos dicen que Bukowski escribió el mismo libro varias veces o que se repitió mucho, su particular visión de la sociedad norteamericana es algo ineludible, un referente obligado si se quiere conocer el lado B del american way of life. La filosofía barata de Henry Chinaski, su alter ego, ayuda a entender la frustración que existe en los gringos que no salen en las revistas faranduleras ni conocen las montañas rusas. Si bien muchos se quedan con su humor ácido y su alcoholismo, el lector más atento capta que detrás de la careta de bad boy, de curado odioso, hay un espíritu tierno y muy sensible.
"Escritos de un viejo indecente" reúne los relatos publicados en la revista underground Open City. En ellos, Bukowski nuevamente se ríe de la hipocresía y de todos los tipos que corren tras el reconocimiento, pendientes de sentirse validados por sus pares. Su estilo (sencillo, económico, de muchos puntos seguidos) es fácilmente digerible y el modo de contar las historias captura al lector. Brutalidad y sinceridad se funden en un trabajo descarnado que no deja indiferente a nadie. Uno puede amar u odiar a Bukowski, no hay medias tintas.
"Escritos de un viejo indecente" reúne los relatos publicados en la revista underground Open City. En ellos, Bukowski nuevamente se ríe de la hipocresía y de todos los tipos que corren tras el reconocimiento, pendientes de sentirse validados por sus pares. Su estilo (sencillo, económico, de muchos puntos seguidos) es fácilmente digerible y el modo de contar las historias captura al lector. Brutalidad y sinceridad se funden en un trabajo descarnado que no deja indiferente a nadie. Uno puede amar u odiar a Bukowski, no hay medias tintas.


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