EL SANGRADOR
En una conferencia que dio Jose María Memet en La Sebastiana, participé en un debate sobre la casi nula posibilidad de integrarse plenamente al círculo literario fuera de Santiago. En el fondo, cumplir el objetivo: publicar. Dijeron que la única excepción era el antofagastino Patricio Jara, a quien yo ubicaba sólo por algunas columnas en The Clinic, especialmente una sobre los yanquis.
La novela "El Sangrador" confirma que hay estar atentos a lo que se hace en regiones. Es una obra ágil, inteligente, con personajes entrañables y sólidos. Las elogiosas palabras de Rivera Letelier en la contratapa engañan un poco y más de un distraído puede descartar a priori el libro pensando que está cargado de frases rimbombantes y analogías rebuscadas y pretenciosas. Todo lo contrario: Jara utiliza un estilo sobrio, sin piruetas, directo y preciso.
Apolonio Mancuso es un "sangrador" de prestigio en Elvira a mediados del siglo XIX. Sin estudios formales, sólo leyendo de todas partes, Mancuso se había ganado el respeto de los habitantes, quienes no dudaban en golpear su puerta al sentir dolores en su dentadura. Suena un poco 'gore' el término, pero refleja a la perfección el arriesgado trabajo que realizaban estos tipos con sus instrumentos. El negocio se le viene abajo cuando aparecen dos jóvenes dentistas limeños que llegan a profesionalizar la atención. Mancuso queda a la deriva, sin clientela ni plata para pagar su solitaria vida. El viejo decide hurguetear en los archivos de la biblioteca y encuentra una noticia sobre la construcción de un taladro dental en Estados Unidos. Luego de varios intentos, consigue hacer una réplica y parte a Antofagasta en una aventura que entretiene de principio a fin. Hasta Hilarión Daza recurre a sus servicios. La novela se sustenta en la fortaleza de Mancuso frente a la adversidad y su valentía para encarar a los poderosos.
La novela "El Sangrador" confirma que hay estar atentos a lo que se hace en regiones. Es una obra ágil, inteligente, con personajes entrañables y sólidos. Las elogiosas palabras de Rivera Letelier en la contratapa engañan un poco y más de un distraído puede descartar a priori el libro pensando que está cargado de frases rimbombantes y analogías rebuscadas y pretenciosas. Todo lo contrario: Jara utiliza un estilo sobrio, sin piruetas, directo y preciso.
Apolonio Mancuso es un "sangrador" de prestigio en Elvira a mediados del siglo XIX. Sin estudios formales, sólo leyendo de todas partes, Mancuso se había ganado el respeto de los habitantes, quienes no dudaban en golpear su puerta al sentir dolores en su dentadura. Suena un poco 'gore' el término, pero refleja a la perfección el arriesgado trabajo que realizaban estos tipos con sus instrumentos. El negocio se le viene abajo cuando aparecen dos jóvenes dentistas limeños que llegan a profesionalizar la atención. Mancuso queda a la deriva, sin clientela ni plata para pagar su solitaria vida. El viejo decide hurguetear en los archivos de la biblioteca y encuentra una noticia sobre la construcción de un taladro dental en Estados Unidos. Luego de varios intentos, consigue hacer una réplica y parte a Antofagasta en una aventura que entretiene de principio a fin. Hasta Hilarión Daza recurre a sus servicios. La novela se sustenta en la fortaleza de Mancuso frente a la adversidad y su valentía para encarar a los poderosos.


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