LA BROMA
Antes que brotara la Primavera de Praga y los soviéticos arrasaran con los sueños liderados por Dubcek, Milan Kundera publicó "La Broma", una obra que conmueve por su contenido histórico y humano. El punto de partida de cualquier escritor que quema sus primeros cartuchos literarios es su propio diario de vida y el entorno en que le tocó crecer. A Kundera le tocó una etapa dura, dolorosa, con el Partido Comunista vigilando cada paso o conversación. El "Gran Hermano" en su expresión más lúgubre, intruseando hasta en los sueños, con derecho a husmear en todas partes gracias a la invocación de una deformada y mal concebida paternidad. Kundera puede decir que es una novela de amor, que en parte lo es, pero es imposible no detenerse en una realidad tan patéticamente absurda, con tipos discurseando sobre la libertad del individuo, mientras en uno de los tantos congresos del partido se decía, por fin, que las purgas de Stalin habían quitado más vidas que cualquier peste imperialista. Está bien, la Guerra Fría permitió tantas cosas irrepetibles, pero, la verdad, uno todavía se asombra con la ceguera de los dirigentes, su incapacidad de ver más allá de sus narices y notar que estaban pisoteando sus propias raíces.
En ese tiempo ni siquiera había espacio para el humor o la ironía, carencia que condena a Ludvik, el protagonista, a un destino injusto, apartado de las aulas y el reconocimiento que tanto le pedía su ego. Por una simple "talla" en una carta, un guiño a Trostsky, es apuntado como escoria por los mismos compañeros que antes tanto lo adulaban. El relato de su vida mezcla la pasión del amor juvenil, la pololita por la que todos enloquecimos, con la venganza contra el canalla que lo jodió por quedar bien con el partido.
En ese tiempo ni siquiera había espacio para el humor o la ironía, carencia que condena a Ludvik, el protagonista, a un destino injusto, apartado de las aulas y el reconocimiento que tanto le pedía su ego. Por una simple "talla" en una carta, un guiño a Trostsky, es apuntado como escoria por los mismos compañeros que antes tanto lo adulaban. El relato de su vida mezcla la pasión del amor juvenil, la pololita por la que todos enloquecimos, con la venganza contra el canalla que lo jodió por quedar bien con el partido.


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