lunes, febrero 21, 2005

5 AÑOS

Me apoyo en un ventanal que todavía está empañado por el sudor y el aliento de los que despidieron a los pasajeros del bus anterior. Me tapo los ojos por los costados para ver cómo el Nico sube su mochila al compartimento del bus.
Hace unos minutos nos abrazamos fuertemente, sin decirnos nada, sólo sintiendo que nos tenemos el uno al otro. Después de cruzar el umbral de control, se dio vuelta.

-Aguante, hermano, ya queda poco. Te espero...

No le respondí nada. A veces no hay que decir nada.

Ahora lo sigo mirando en su asiento. No puedo ver sus ojos, pero intuyo que se va feliz. Ayer se cumplieron cinco años de la muerte de nuestra madre y, a pesar de todo, sorteando mil inconvenientes, estuvimos juntos. Antes que llegara, le prometí a ella que le daría a mi hermano las vacaciones que se merecía y creo que lo hice bien. Fuimos felices, como hace mucho tiempo no estábamos.

Sé que al Nico le debe haber dolido que el papá no nos haya llamado en todos estos días, ni siquiera ayer, pero preferí no comentar nada. No me gustaría influir en los sentimientos de mi hermano hacia él, quizás porque siento que es un ejercicio íntimo, individual, ajeno incluso para mí. El Nico se tiene que dar cuenta por sí mismo que nuestro padre es una sombra, una versión desaliñada de lo que alguna vez fue. Además, no quería arruinar estos días hermosos con nuestros achaques de siempre. Por dos semanas no hubo deudas, tesis, bancos ni intereses usureros. El desierto, que antes me parecía tan agresivo, nos cobijó con su calidez, convirtiéndose en el escenario ideal para este reencuentro con la inocencia, con esas ganas de pasarlo bien sin importar nada más que el presente. Fuimos niños otra vez.

El motor del bus suena fuerte. Corro hacia la salida del terminal para darle un último saludo desde la calle. Llego justo. Me acuerdo de esa vez en que fui a La Serena y el Nico corrió al lado de mi ventana deseándome suerte en el campeonato de fútbol. Pienso en hacer lo mismo ahora. Dudo unos segundos, pues tengo claro que al Nico ya no le gustan esos gestos tan efusivos. Finalmente, decido quedarme apoyado en un automóvil, sintiendo la mirada de un acomodador al que le llaman la atención mis lágrimas.

Doy unos pasos, hurgueteo en mi bolso y saco el discman. La grabadora me hace recordar que tengo varias notas pendientes y que la tarde será pesada debido a esta pausa. No importa. Me clavo en un poste manchado con la ácida mierda de los patos yeco, mientras elijo Placebo como música de fondo para revisar en formato video-clip todo lo que hicimos en estos días: Chungará, Tacna, parapente desde el Morro, el viaje en tren hasta Central y tantas cosas más.

El celular vibra en mi bolsillo. Reviso el mensaje de texto: "YA QUEDA POCO..SUERTE Y PACIENCIA, YA? TE QUIERO, NICO".

Todo salió bien, viejita.

1 Comments:

Blogger mili said...

Que lindo post, me emocioné mucho leyendo. Que bueno que hayan estado juntos...más que por pasar vacaciones juntos, que estuvieran como dos hermanos que se tienen el uno al otro, pase lo que pase.
Besos

4:32 p. m.  

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