EFECTO MARIPOSA
Desde los viajes de Michael Fox en el machucado De Lorean en "Volver al Futuro", todos sabemos las consecuencias que trae modificar el pasado. Es un tema muy recurrente, tanto en el cine como en la literatura. Arrendé "El Efecto Mariposa" con poca fe, asumiendo el riesgo de perder el tiempo con un bodrio adolescente. A pesar de todas sus limitaciones, la película logra persuadir mediante el uso de mudas temporales eficaces, certeras, salvo una de las últimas, que encontré media forzada. El protagonista -el típico freak con pinta, parecido a Slater en "Suban el volumen"- lleva un diario de vida desde chico, siguiendo una recomendación médica para ejercitar su afiebrada memoria.
Casi por casualidad descubre un método para intervenir divinamente en su entorno. Cada viaje es un terremoto que regala réplicas impredecibles, una peor que la otra. La pregunta asoma naturalmente: ¿estaríamos dispuestos a retroceder en el tiempo para sanar nuestras cicatrices? La experiencia es una mochila que pesa y hay que aprender a cargarla, pero, sin duda, se trata de un reto muy tentador. Yo sacaría boletos de inmediato. No es necesario escribir un diario de vida para saber exactamente qué días marcaron nuestro destino. Uno sabe perfectamente cuándo se pudrió todo. Eludimos esa revisión para protegernos de nosotros mismos, de nuestra conciencia y culpas. Al experimentar un deja vu artificial, nacido con premeditación, es fácil marearse imaginando qué habría sido de nuestras vidas si ese maldito día hubiéramos dicho las palabras que, por motivos que hoy nos parecen tan absurdos, conservamos para nuestra bitácora personal. ¿De qué sirvió? ¿Seríamos ahora los mismos? Puede que sí. No queda más que conformarse y esperar que otra película o libro resucite la fantasía.
Casi por casualidad descubre un método para intervenir divinamente en su entorno. Cada viaje es un terremoto que regala réplicas impredecibles, una peor que la otra. La pregunta asoma naturalmente: ¿estaríamos dispuestos a retroceder en el tiempo para sanar nuestras cicatrices? La experiencia es una mochila que pesa y hay que aprender a cargarla, pero, sin duda, se trata de un reto muy tentador. Yo sacaría boletos de inmediato. No es necesario escribir un diario de vida para saber exactamente qué días marcaron nuestro destino. Uno sabe perfectamente cuándo se pudrió todo. Eludimos esa revisión para protegernos de nosotros mismos, de nuestra conciencia y culpas. Al experimentar un deja vu artificial, nacido con premeditación, es fácil marearse imaginando qué habría sido de nuestras vidas si ese maldito día hubiéramos dicho las palabras que, por motivos que hoy nos parecen tan absurdos, conservamos para nuestra bitácora personal. ¿De qué sirvió? ¿Seríamos ahora los mismos? Puede que sí. No queda más que conformarse y esperar que otra película o libro resucite la fantasía.


2 Comments:
Yo definitivamente lo haría...volvería al pasado y sanaría heridas...lo de las cictrices ya es más complicado, pero bueno...nada es perfecto no?
Saludos y no dejes de escribir...
igual da lata que nadie los lea, pero, filo, igual me sirve para archivar las cosas guardadas y agregar algo nuevo, especialmente las películas y libros....
te quiero....
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