martes, febrero 08, 2005

CRIMENES PERFECTOS

Los grados chacoteros del Rumpy no son las primeras categorías cariñosas de la historia. En el amor trovadoresco de la Edad Media existían cuatro grados, dependiendo del lío en que anduviera metido el poeta: “fenhedor” (tímido); “pregador” (suplicante); “entendedor” (tolerado por la dama) y “drutz” (amante). Como la mayoría de los matrimonios se hacían por conveniencia, sobraban maridos celosos y tipos arrancando de madrugada por las ventanas de los palacios.
Curiosamente, el Día de los Enamorados llega justo en medio de una viudez veraniega que permite a muchos frescos o reprimidos desatar su lujuria, aunque sea por un rato o, los menos, para un coqueteo platónico con la amiga del colegio o la vecina golosa del frente. En resumen, la cosa no ha cambiado mucho en 500 años. Lamentablemente, los actuales “patas negras”, gremio hipócritamente despreciado, no se sienten cómodos con los versos, salvo algún amante sureño que arma payas en la alcoba como si estuviera en la fonda.
Durante mi práctica en un canal capitalino, hice una nota sobre el comercializado Día de San Valentín. En una salida poco original, partí con el camarógrafo al Paseo Ahumada a capturar imágenes de parejas de la mano o besándose y alguna que otra “cuñita” sobre los regalos más frecuentes. Me gustaría tener el video para que observaran cómo al verse espiada, la mayoría soltaba a su acompañante y se metía silbando a la tienda más cercana. A los que alcancé a acorralar con el micrófono, sólo les pude sacar un par de monosílabos y algunas tonteras predecibles, por lo que supuse que también varios de ellos estaban más pensando en la excusa que iban a decir en la casa a la hora del noticiero, cuando la familia se enterara del numerito, que en la respuesta a mi pregunta sacada del manual de “estorbante” en práctica.
Nada de rosas ni cenas románticas, sólo amor a escondidas, con un ojo en la puerta y otro en el reloj. No es fácil celebrar San Valentín dos veces en el mismo día.