miércoles, febrero 16, 2005

SHREK

"Mi amor, tienes que conocer a mis padres". La frase incomoda hasta al novio más galán y educado. Algunos creen que es la señal precisa para agarrar el cepillo de dientes y salir arrancando. Si el pretendiente es verde, gordo, pelado, mal genio y ventila las sábanas para sentir sus gases tóxicos, el asunto es doblemente complicado. Aunque digan que el ogro Shrek volvió más domado, menos original, su visita al palacio de los padres de Fiona es divertida y casi no tiene altibajos. Si no se ríe con la parodia que hace Pinocho a la actuación de Tom Cruise en "Misión Imposible", tirándose valientemente al vacío con una cuerda sostenida por Los Tres Chanchitos, piense seriamente en tomar unos días de descanso en la pega o busque un siquiatra que reciba bonos de Fonasa.

Shrek mantiene al Burro como su partner del alma, pero también agrega al mítico Gato con Botas, con un rol parecido a Gollum en "El Señor de los Anillos", aunque con más pelos y una buena dosis de Valium. El felino espadachín, contratado por el suegro para asesinar a Shrek, es un acierto de los genios de Dreamworks, porque alivia un poco al asno y no lo recarga tanto.

En la parte técnica, gráfica, digital o como se llame, se nota que han pasado tres años desde el lanzamiento de la primera parte y los 250 millones de dólares que se invirtió en ésta. Es lo mismo que comparar el FIFA 2004 con la versión del 2001: los movimientos son más perfectos, prácticamente humanos, más coordinados que varios de mis amigos cuando intentan jugar a la pelota. Dentro de la industria animada, el ogro se ha transformado en adjetivo, porque ya se puede hablar de universo o concepto 'shrekiano', casi como guía de género. Eso pocos lo consiguen.