miércoles, febrero 16, 2005

EL ULTIMO SAMURAI

A priori, sólo viendo los afiches de promoción o la sinopsis, cuesta comprar la imagen de Tom Cruise como un samurai gringo. Es algo tan inverosímil como ver a un oriental disparando a lo John Wayne en un western o Bush vestido de jeque árabe. Hay dos bombas atómicas de por medio, aunque la globalización envíe a la papelera de reciclaje todos los episodios históricos que no la favorecen.

Inteligentemente, el guión está situado a fines del siglo XIX, poco después de la Guerra Civil Norteamericana. Cruise interpreta al capitán Nathan Algren, el típico héroe que tiene pesadillas con los horrores que vivió en el campo de la batalla, como si fuera un antepasado de los personajes de Oliver Stone en cintas como "Pelotón" o "Nacido el 4 de julio". Un asesor del emperador japonés, un desagradable y ambicioso chupamedias, solicita sus servicios para contrarrestar el poder que ejerce Matsumoto, el líder de los samurai, en la tierra del sol naciente. Matsumoto no quiere que su pueblo ceda a la influencia occidental y pierda sus tradiciones. Este punto es lo más rescatable de la película, incluso sobre las batallas calcadas a "Corazón Valiente"o "El Patriota", porque el espectador se introduce en la cultura nipona sin la mirada peyorativa del turista o lector de enciclopedias baratas, sino que de una forma más pausada, profunda, capaz de captar la madurez milenaria de la raza oriental.

Algren se cambio forzadamente de bando y comparte con los samurais, quienes,luego de una frialdad inicial, lo adoptan como uno más. "El último samurai" es una cinta entretenida, sólida, creíble. Por otro lado, Cruise confirma que ya dejó de ser la estrella de la sonrisa perfecta, ideal para comercial dentrífico, tarea que no le ha sido fácil.