AMARILLO
El individuo ha perdido la vergüenza por no desarrollar todas sus potencialidades. Se conforma con la autoconservación, ojalá lo más cómoda posible. No quiero hablar de sistema porque suena trasnochado, entre setentero y pingüino, pero ciertamente la forma en que vivimos incita a que desarrollemos deseos planos, que no exista alguno que sobresalga entre todos. Deseamos hartas cosas y ninguna a la vez. Sustituimos con la mecánica que nos cambiamos calcetines, aunque confieso que, en ocasiones, reciclo y los doy vuelta. Por eso ya no hay vocación, que es un concepto bastante más amplio que la connotación laboral que generalmente se le adjudica.
Porque sé que puedo dar mucho más, aguanto. Porque sé que no pertenezco aquí, resisto. Porque sé que valgo más que la tarjeta de Isapre, soporto. Porque tengo tantos y tan grandes deseos, vivo.


0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home