MP3
La cueva está oscura. No distingo nada, salvo unos deshilachados argentinos que bailan dentro del telón. El video tampoco es muy nítido. Alguien, no sé si hombre o mujer, me toma la mano. Cuando me ofrece un cigarrillo, noto que es hombre, por más que su voz aflautada y su look "brit" lo oculten. Le explico sin pesadez que no soy gay y prefiero seguir solo. A pesar que fumé en Reñaca, sigo volado en Valparaíso, horas más tarde. Buena mano. No sé dónde ir.
El recuerdo aparece con toda su distorsión al escuchar una canción que hoy me pasaron inesperadamente en un disco de mp3. Esa noche de absoluta soledad, que terminé tirado cerca del estero de Reñaca, bajo un manto de dolor y desprecio por mí mismo, estaba borrada de mis archivos. La música transporta a sitios imposibles. A ver, otra vez. Repeat. Ya la he escuchado tres veces seguidas y continúan surgiendo nuevos detalles. Quiero constatar que ese dolor ya se agotó o, por lo menos, logro dominarlo. Me parece que sí. De forma inexplicablemente masoquista, hasta siendo una pizca de nostalgia por ese periodo de autodestrucción, aunque tengo claro que no podría sobrevivir dignamente otra fase de ese tipo, con la autoestima por los suelos, sintiéndome tan solo como el reo que ni siquiera sale al patio el día de visitas.


0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home