viernes, junio 16, 2006

LOST


Estos días han mejorado mi ánimo. Lo más triste del trabajo de editor es perder la calle. Yo no vivo en Santiago, vivo en el diario. El horario me impide disfrutar de las ventajas de estar en la capital. No puedo ir a los ciclos de cine, a los recitales ni a las tertulias literarias que de todas maneras subrayo en los diarios. Tampoco conocer los bares y sitios que tengo anotados desde hace años en mi mente. Vivo tan aislado como en provincia. Es raro sentirse tan enjaulado, sobre todo en un cargo que me hace sentir incómodo al no manejar correctamente mi autoridad. No es fácil ser jefe. Si adoptara la actitud que esperan mis superiores, atorando y presionando a los demás, me vestiría con una personalidad demasiado ajena a mi forma de ser, a mi manera de relacionarme con la gente. Me gusta conversar, no imponer. No me gusta mandar, disfruto el diálogo.
La rutina se rompió hace dos días. Salí otra vez a la calle, esta vez para un artículo de la revista mensual que edita la empresa. Terminé leyendo poemas de Kavafis junto al presidente de un prestigioso banco, mirando hacia una Alameda atiborrada de gente acelerada y comerciantes ambulantes. Volví a imaginar la ciudad de Alejandría en un lugar realmente impensado. Había partido a la entrevista con la idea de encontrarme con un yuppie exitoso y latero. Sinceramente, me daba lo mismo. Lo importante era romper la monotonía.
Hoy entrevisté a un empresario indio, que era igual a M. Night Shyamalan, el director de Sexto Sentido. La cita era a las 11, por lo que salí antes de casa y me instalé en un café cercano a la compañía para ver el partido de Argentina. Primer partido del mundial que veo como en años anteriores: metido en la cancha, disfrutando del juego, de su connotación histórica, anticipando que nunca me iba a olvidar de ese local de Vicuña Mackenna, como tampoco de los rostros de la gente con que coincidí gritando con el alma los goles de la albiceleste de Pekerman. Gracias, José, por dejarlos jugar como saben. Después de tanta felicidad, mi lentitud para hablar inglés era un detalle. El indio tampoco hablaba rápido.
Son las nueve de la noche. Faltan cuatro horas para estar en casa. Y me siento bien. Tomar aire, reencontrarme, aunque por un rato, con la pega de siempre, me ha revitalizado. Era lo que me faltaba. A diferencia de los indios, yo trabajo para vivir, no vivo para trabajar.

4 Comments:

Anonymous Anónimo said...

HERMANO QUERIDO, ME ALEGRO QUE POR UN RATO AUNQUE SEA TUS PIES HAYAN PISADO ALGO MAS QUE LAS OSCURAS OFICINAS DE UN DIARIO, TIENES UN MUNDO A TU ALRREDEDOR Y ¿¿¿¿NO HAS PODIDO AUN SUMERGIRTE EN EL?????, QUE LAMENTABLE, PERO SE QUE PRONTO LO HARAS, LO Q SI TE PIDO, ES Q CUANDO LO HAGAS, NO TE OLVIDES DE CONTARLO, TUS LETRAS BAILAN PARA LOS OJOS DE NOSOTROS, TU FORMA DE CONTAR ENTRETIENE Y HACE VOLAR LA IMAGINACION, YO POR MIENTRAS SEGUIRE CARRETEANDO POR ACA, VISITANDO LUGARES EXTRAÑOS Y DISFRUTANDO DE BREBAJES EXOTICOS COMO EL ULTIMO TIEMPO, UN ABRAZO HERMANO Y OJALA NOS VEAMOS EN ALGUN LUGAR DE ESTE MUNDO.

3:30 p. m.  
Blogger BarFly said...

Ian: Espero seguir saliendo más, porque si no me volveré loco en esta jaula....

Lemita: cuidado con los brebajes extraños, no te vayas a tomar un "pájaro verde" y te vas cortina..

salu2 en Valpo...

6:29 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

ahora que sales al mundo, podrías hacer espacio en tu agenda para tomarnos un café cuando ande por la capital. sí, ya estoy aprendiendo los nombres de las calles y los números de las micros, así que no creo que haya grandes problemas para juntarnos.
suerte y ánimo en la oscura vida santiaguina.

12:20 a. m.  
Blogger BarFly said...

Susan:
Usted me avisa y nos juntamos a tomar un café. Con anticipación, por favor, para arrancarme de la jaula económica.

Claudita:
Cuando aparece la amargura, yo mismo me paro el carrro para no contagiarme...salu2 a denisito comunacho

11:11 a. m.  

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