PICHANGA
En mi infancia, hubo dos juegos que nunca toleré: las quemadas y los países. En el segundo, cada jugador elige un país y debe esperar que alguien lo nombre y lance la pelota al cielo. Uno debe partir rajado a buscarla y luego avanzar no sé cuántos pasos hacia donde quedó desparramado el resto. Si apunta el pelotazo, se produce cambio de lanzador.
¿A qué viene esto? Simple. Ayer jugué una pichanga en una cancha que, por lo menos, es de siete por lado, quizás ocho. Nosotros éramos cinco por lado. Había espacio para hacer cambios de frente, centros, paredes, en fin todo el "jogo bonito" que aparece en los manuales y en la televisión, pero, lamentablemente, me tocó un equipo lleno de picapiedras sin ningún respeto por la de cuero. Fue como jugar a los países. Yo daba un pase esperando la devolución y mi compañero disparaba un puntete a la olla desde nuestra propia área. Para más remate, nuestro único delantero era chico y no se le podía exigir que ganara una pelota dividida. Eso hay que dejarárselo a Romario o Caszely.
Como aquí nunca ha habido un debate entre escuelas de fútbol, tal vez porque la única de verdad ha sido la de Fernando Riera, siempre he seguido de cerca el debate trasandino entre menottistas y bilardistas. Aunque no puedo desconocer los logros del Narigón, me quedó con la filosofía del Flaco. En su etapa de futbolista, opacada por su carrera de entrenador, Menotti fue un "8" talentoso, de trato fino al balón. Una vez un compañero le reclamó por no correr a marcar una pelota y el Flaco respondió: "Corre vos, que no sabes jugar". Otra del Flaco: cuando llegó al Santos, el entrenador le preguntó en el camarín en qué puesto quería jugar. Inocente, Menotti respondió que de "10". El Flaco se olvidó que jugaba con Pelé.
¿A qué viene esto? Simple. Ayer jugué una pichanga en una cancha que, por lo menos, es de siete por lado, quizás ocho. Nosotros éramos cinco por lado. Había espacio para hacer cambios de frente, centros, paredes, en fin todo el "jogo bonito" que aparece en los manuales y en la televisión, pero, lamentablemente, me tocó un equipo lleno de picapiedras sin ningún respeto por la de cuero. Fue como jugar a los países. Yo daba un pase esperando la devolución y mi compañero disparaba un puntete a la olla desde nuestra propia área. Para más remate, nuestro único delantero era chico y no se le podía exigir que ganara una pelota dividida. Eso hay que dejarárselo a Romario o Caszely.
Como aquí nunca ha habido un debate entre escuelas de fútbol, tal vez porque la única de verdad ha sido la de Fernando Riera, siempre he seguido de cerca el debate trasandino entre menottistas y bilardistas. Aunque no puedo desconocer los logros del Narigón, me quedó con la filosofía del Flaco. En su etapa de futbolista, opacada por su carrera de entrenador, Menotti fue un "8" talentoso, de trato fino al balón. Una vez un compañero le reclamó por no correr a marcar una pelota y el Flaco respondió: "Corre vos, que no sabes jugar". Otra del Flaco: cuando llegó al Santos, el entrenador le preguntó en el camarín en qué puesto quería jugar. Inocente, Menotti respondió que de "10". El Flaco se olvidó que jugaba con Pelé.


1 Comments:
A mi me encantaban esos dos juegos, debe haber sido porque era buena....incluso ahora cuando estamos entrenando y una pelota viene muy fuerte al suelo no ma , despu-és mi frase típica "es que en el colegio yo era seca pa las quemás" jajajajajajaja.
Saludines....chau
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