¿UD ES GÓMEZ? SÍ, A VECES
No sabía qué ramo electivo tomar. Sebastián, mi partner que siempre me acompañaba a espiar el pasillo de las lolitas de primero medio, había optado por Biología. No le interesaba completar las aburridas guías de la profesora Zanetti ni participar en laboratorio. Su única motivación eran las pechugas de una compañera que lo tenía al borde del onanismo compulsivo. Intentó convencerme que me inscribiera, pero nunca me interesaron los cromosomas, las mitocondrias o el adenosín trifosfato. Elegí Economía. Mientras los aplicados estudiaban la conformación del punto de equilibrio entre la oferta y la demanda, me entretenía con los pelusones de la última fila, tan flojos y payasos como yo. Fue mi primer contacto con la economía, bastante lejano, por lo demás. Rendí las pruebas siempre a destiempo, rogando por las décimas, suplicando por un último examen oral que me librara del rojo en la libreta.
Me reencontré con esta rama social en un breve y traumático paso por Ingeniería Comercial, carrera en la que sólo superé los ramos humanistas, como Administración y otros incluso menos útiles. Me despedí furiosamente de los números entregando el examen de Algebra en blanco, sin siquiera intentar resolver la primera ecuación.
Me reencontré con esta rama social en un breve y traumático paso por Ingeniería Comercial, carrera en la que sólo superé los ramos humanistas, como Administración y otros incluso menos útiles. Me despedí furiosamente de los números entregando el examen de Algebra en blanco, sin siquiera intentar resolver la primera ecuación.
-¡Cómo se le ocurre entregar así! –me dijo el profesor, de apellido Calvo, al que apodaban Homero Simpson.
-Lo siento – respondí lacónicamente, con cara de fatiga, con ganas de transportarme automáticamente a la playa, el refugio que escogía después que me mandaba cagadas grandes.
-Lo siento – respondí lacónicamente, con cara de fatiga, con ganas de transportarme automáticamente a la playa, el refugio que escogía después que me mandaba cagadas grandes.
El dolor vendría después que mi familia se enterara que había fingido ir a la universidad durante un semestre, aconsejado secretamente por el cobarde de mi padre, el primero en lavarse las manos al destaparse la olla.
Retomé esporádicamente la economía, siempre como turista, a veces aparentando un interés mayor. Con los años, apenas me di cuenta que ya no podía seguir jugando al pendejo rebelde, empecé a leer el Cuerpo "B", pero más que nada por estar informado. Nadaba sin sumergirme. En conversaciones con amigos, en la pega, en general en cualquier parte, no desteñía demasiado con mis intervenciones. Hasta llegar acá. Cuando se mezcla la economía, que aunque algunos lo nieguen es una ciencia muy compleja, con política o intereses particulares mezquinos, dan pocas ganas de aportar. Mejor decir "paso" como en los juegos de cartas.
Retomé esporádicamente la economía, siempre como turista, a veces aparentando un interés mayor. Con los años, apenas me di cuenta que ya no podía seguir jugando al pendejo rebelde, empecé a leer el Cuerpo "B", pero más que nada por estar informado. Nadaba sin sumergirme. En conversaciones con amigos, en la pega, en general en cualquier parte, no desteñía demasiado con mis intervenciones. Hasta llegar acá. Cuando se mezcla la economía, que aunque algunos lo nieguen es una ciencia muy compleja, con política o intereses particulares mezquinos, dan pocas ganas de aportar. Mejor decir "paso" como en los juegos de cartas.


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