viernes, febrero 10, 2006

VAMPIROS Y RATAS


Una carrera de ratas para morir. A eso hemos llegado. Enfermos o cansados. Podemos putear, hundirnos en pantanos autocompasivos, alegar rompiendo vasos contra la pared sin recoger alevosamente los vidrios para cortarnos los pies a la mañana siguiente, como si esa carne ya no fuera parte de nosotros, sino materia prima de unos pocos que gozan con nuestro sacrificio. No se gana nada. Quiero seguir siendo dueño de mí mismo. Cuesta aceptar que una aspiración tan básica, tan elemental, encuentre hoy tantos escollos para concretarse o mantenerse en términos dignos. Yo no soy apóstol de Tom Wolfe. Menos de Abraham Santibáñez. Así y todo, me quieren entregar la trasnochada y aburrida posta en esta carrera de ratas. ¿Ya soy una rata? Observo mi entorno y me fijo que hay varias categorías. Distingo a un Pinky, otro Cerebro y un Jerry inocentón. Son ratas de corral, poco concientes de su condición. Se mueven con el entusiasmo ciego del hamster en la rueda de su jaula. Me ubico en la alcantarilla. Es más fácil escapar por una tubería que morderle la mano al patrón.