miércoles, febrero 01, 2006

DESIERTOS

En una reciente entrevista, Claudio Bunster, el científico que renegó de Volodia, recordó que Lawrence de Arabia amaba el desierto por su limpieza. Si bien creo que los mares de arena están sobrevalorados, es cierto que tienen poderes purificadores, sin caer, claro está, en la mística de los seudo-artistas que les conceden beneficios casi terapéuticos. Nada es tan automático ni gratuito.
He transitado nuevamente por el desierto. No soy un hombre nuevo. Tampoco “me encontré”. Reflexioné, pensé, evalué. Quizás hasta me reciclé. A eso invita la limpieza del desierto. No es una concesión per se, que envuelva a quien se le ocurra atravesar los solitarios parajes de la nada. Hay que buscarla.